Curiosa reflexión final la de Josef H. Reichholf, profesor de biología y ecología alemán, en su fantástico libro La invención de la agricultura, una obra muy interesante y de lectura amena. No en vano, según el jurado que le entregó el premio Sigmund Freud de la Academia Alemana de Lengua y Literatura, Reichholf "ha sabido hallar un lenguaje tan fresco como incisivo para aproximarse a todas las formas de vida."
Aquí os dejo su reflexión final:
"Es posible que el hombre se haya vuelto especialmente receptivo a lo espiritual desde que su cerebro agrandado posibilitó la sensación de "trascendencia". En el sentido literal, significa "ir al otro lado" o "ir más allá" del lugar anterior. La euforia que el alcohol y las drogas provocan facilitan esa "transición". Todos los ritos y religiones se valen con bastante eficacia de este tipo de estado de ánimo exaltado para aislar o eliminar los estímulos ambientales directos. Así se logra la receptividad.
Por lo visto, ninguna cultura humana estaba ni está totalmente libre de las drogas estimulantes y adictivas. Su uso más extendido tiene lugar en grupo, especialmente en las celebraciones. En algunas, como por ejemplo en una de las fiestas más conocidas, la Oktoberfest de Múnich (el festival de octubre), acude gente de todo el mundo. El objetivo principal es emborracharse con cerveza o con vino. Fiestas como ésta las hay de todos los tamaños y en todo tipo de ocasiones. Cuanto más grandes, más atractivas son. Para la mayoría de visitantes, se trata del "ambiente". Música, baile y bebidas se encargan de ello. En estas fiestas, la comida es algo secundario, algo de lo que se puede prescindir. ¿Es posible que al principio también fuera así?"
Casa (Alejandro Palomas)
Hace 3 días
